lunes, 21 de mayo de 2012

SAUDADE: TESTAMENTO A VUELA-PLUMA "El sonido de las teclas muriendo aplastadas por mis dedos acompaña el dulce deambular de letras en la pantalla que exhala una luz de un blanco mortecino que hace que mi cara recuerde esta vez más que nunca, el rostro de un cadáver, el rostro de la muerte. Escribo estas palabras desordenadas y esquizofrénicas a modo de confesión, quizás incluso a modo de testamento.No... estoy muy seguro de a donde me llevarán mis dedos, que escapan por completo a la velocidad limitada de la mente, pero sin embargo aquí estoy, mirando frente a frente a la muerte y pidiendole un segundo extra para dejar constáncia de lo que en mis últimos días de vida ha subido el infierno a la tierra i ha hecho que me cogelara en él...” ¿El qué? ¿qué debo escribir ahora? Por primera vez en mi corta existéncia me enfrento a uno de mis mayores temores, quedarme absolutamento seco en lo que a creatividad se refiere. No consigo encontrar motivación para escribir más que seguir construyendo la catedral de mi ego. Haciendo una visión retroespectiva toda mi vida artística he sido un jilipollas que se ha debido a sus musas principalmente para crear o para juntar palabras, lo mismo da. Sin embargo a dia de hoy esas musas desaparecieron, para bien o para mal. Por un lado siento como si me hubieran robado un balsamo para las heridas, pero por otro lado no tengo esas heridas porque eran ellas mismas quien las provocaban. Quizás el placer sadomasoquista de la escritura resida en esos ataques que permites a las musas y, sobretodo en tus propias capacidades para curarte de ellos. Pero ya no están, se han ido como se ha ido yendo todas las personas que ya no estan en esta habitación y como se irán todas las que por ella pasen algun dia. Probablemente esa sea la maldición del escritor, una soledad buscada sin ser deseada, una soledad que des del exterior luce romántica y bonita pero que una vez amada y vivida se convierte en un amante celoso y posesivo que no permite que le abandones nunca, ni un sólo segundo de tu existencia. Es por ello que nunca jamás he dejado de sentirme sólo, ni rodeado de miles de personas, es la soledad como lugar de partida y como lugar al cual llegar, la soledad como destino. A estas alturas ya prácticamente no recuerdo de qué iba a tratar este escrito en particular. Probabalemente alguna história cuyo protagonista me robe los rasgos que no quiero mostrar a los demás y que tiene más de confesión que de invención. Pero ya no importa, ya da lo mismo. Esos personajes nacen del traqueteo de los dedos encima del papel, y eso sigue siendo mágico, sin embargo debes tener mucho cuidado con esta mágia porque a veces puede llegarte a mostrar partes de ti mismo que ni tan si quiera conocías, pues como más ficcional sea el escrito en el cual andes sumergido más verdad encerrará en él sobre la mano que sostiene el pincel de la obra. Escribir es, en cierto modo, parecido a actuar, pero más dramático si cabe, puesto que nunca se olvida que el actor está interpretando un papel, pero siempre se descarta que el escritor también lo está haciendo. El escritor puede sicerarse en el modus operandi de sus creaciones, pero siempre lo hará des de un rol distinto al que él ocupa normalmente. El escritor es un profesional de la mentira, pero es un engaño consentido por emisor y receptor en el cual se pierden las posiciones de los dos, pero con una diferéncia: el lector puede cerrar el libro i seguir con sus quehaceres, y olvidarse de él. El escritor quedará atrapado en las páginas del libro que ha cerrado el lector, pues para él simepre será el creador de ese libro o de aquél otro, la persona ni existe ni tiene porque hacerlo para los lectores. De ahí esa soledad mortífera del escritor, no es alguien sino algo que ha hecho algo más importante porque es cierto que, a veces, son más reales, estan más vivos, los personajes que el escrfitor crea que él mismo. Es curioso que sea cierto lo que anunciaba en el primer párrafo de éste escrito, pues estas lineas se han convertido al final en un tipo de testamento, de confesión entre usted y yo. Será cierto, al final, que los dedos elijen su propio recorrido por las teclas y que al final un escritor siempre es sincero, de algún u otro modo. “Creo que soportará perfectamente el peso, se le ve un nudo resistente. No me arrepiento de nada de lo que hecho, no; pero tampoco me arrepiento en absoluto de lo que voy ha hacer. Nada me retiene aqui, me estoy muriendo en vida sin tener el privilegio del descanso. El taburete también parece suficientemente fuerte para aguantar el peso durante, almenos, 5 segundos, que es lo que voy a tardar aproximadamente en subirme a él y atarme la cuerda al cuello. Lo haré en el cuerto de la basura, donde merezco estar, pues es como se me ha tratado siempre y tanta gente no puede estar en un error. Siempre soy yo el equivocado, el que cree en el amor o en un mundo justo. Me voy, y no voy a decir adiós.” Sin embargo yo jamás he sido sincero escribiendo, al menos de manera consciente y la mayoría de similitudes de mis personajes son, seguramente, absolutas y perfectas casualidades. Aunque como profesional de la mentira podia estar mientiendo en este mismo momento, o, sin exagerar, podría haberles mentido desde un inicio, porque a veces tienen más de real los textos fictícios que los autobiográficos. No hay aquí cuerdas anudadas ni taburetes, pero quiza debería haberlos para acabar con una existencia de la que estoy seguro. De la que dudo ahora mismo es de la tuya, lector.

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