lunes, 21 de mayo de 2012
LA ALARGADA SOMBRE DE LA POESÍA
¿Habeis oído hablar de Fernando Pessoa?
Según cuentan ese tipo anadaba de bar en bar paseando sus lamentos por la gris Lisboa. Una ciudad que adelantó el tren de la modernidad y luego no pudo subirse a él, una ciudad que olvidó como se sonreía por no darle importancia cuando podía hacerlo.
Probablemente Pessoa fuera una de aquellas personas que representan y personifican una ciudad, pues un trozo ...de lisboa fue arrancado cuando Fernando murió.
Su obra magna, el libro del Dessasosiego, es una obra maestra que consigue hacer que las páginas pesen kilos al levantarlas i que te de miedo leer la frase que sigue a la que acabas de terminar pero que seas incapaz de dejarlo.
Pessoa no fue, porque fue demasiados. Seguramente esa es la cualidad más destacable que se le puede atribuir. Llevó al extremo una de las cláusulas de la letra pequeña del contrato del escritor: “No tienes derecho a existir como persona; eres, simplemente, una suma de tus personajes que ha tomado una apariencia humana”. En el caso de Fernando, sin embargo, no era una suma de personajes, pues sus personajes fueron más reales que él. Es jodidamente estremecedor leer sus poesias escritas con su pulso tembloroso, nervioso y timido encima de una servilleta, como escondiendose de un mundo que le asusta, como queriendose camuflar en el gris de la ciudad.
Hubo muchos Pessoas y no hubo ninguno. Aún así, estoy seguro de que alguno de ellos sigue corriendo por Lisboa hoy en dia, paseando su esquizofrénia literaria por algún rincón de la tasca más humilde, del barrio más gris, de la ciudad más taciturna de europa.
Claro que no habeis oído hablar de Fernando Pessoa, pues él nunca existió.
SE BUSCA CAMARERO
Gira la rueda del encendedor, y la eternidad cave en un suspiro. Escupe el aliento de hades; y enciende el cigarro que me llevo a los labios.
Lo beso.
Me besa.
Ya no estás tu.
Un cigarro nunca va a negarte ese beso que tanto necesitas. Cilindros de poesia incandescentes que se encienden y se apagan. Te roban vida a cambio de darte la posibilidad de crear un sueño humeante que se va tan rápido co...mo ha llegado; sin concebir ni dar explicación alguna.
Giro la cabeza a mi alrededor y sigo en el mismo sitio, la humanidad navegando hacia ninguna parte y ellos sin querer ni poder saberlo.
Rodeado de botellas, vacías unas,
otras llenas;
navegando todas por el rio Leteo, todas contienen olvido. Unas por su contenido, otras por el recuerdo de lo que contuvieron.
Entra el mismo cliente de siempre y me pide lo mismo de siempre. Pero yo soy listo, y se que lo que pide no es lo que realmente quiere. Dentro de ese baso quiere amnesia, olvido, incluso comprensión. No sabe porque hizo lo que hizo, pero que más da. Lo unico que importa es que él esta aqui; y yo también, sujeto a la incapacidad de amar a quien quiero y analizando perfiles de otras gentes para no analizar el mio propio.
Le sirvo.
Busca en mis ojos un haz de bondad, busca mi sonrisa, desea sentirse atendido por alguien; manifestar su superioridad.
Pero no se la doy, rehuyo su mirada, aborrezco su simpatia y escupo en su voluntad de poder.
Otro cliente que no dejará propina.
En el trayecto de la mesa a la barra se me ocurren versos que se me olvidan cuando encuentro un soporte para perpetuarlos; entonces sonrio,
sonrío porque estan mejor en el limbo de las poesias nunca escritas,
de las miradas que no encontraron nunca su objetivo
de los besos que no encontraron sus labios
y de las alas de la mariposa que no lograron causar el huracán.
Pierdo la mirada a lo largo de la barra y fijo mi mirada en un baso casi vacío.
El causante del casi es un hielo cercano a la inexisténcia solida.
Me quedo quieto mirándolo,como si del más bello y morboso espectaculo se tratara. Como si un movimiento mio pudiera perturbar su evolución, su muerte.
El hielo se hizo agua. El hielo murió. Murió como mueren todas las cosas por las que nadie quiere morir. El hielo murió como moriremos todos algun dia, demasiado jovenes para morir, pero demasiado viejos para aprender a vivir.
SIN TÍTULO.( 20 minutos en el tren)
El constante traqueteo del tren asfixiando las vías por las que circula a toda velocidad me distrae de la lectura en la que estaba inmerso y veo como el conjunto de palabras que forman la página que sostengo entre mis dedos pierden nitidez y acaban siendo una indefinida masa negra de tinta y papel grumoso.
Así me siento ahora mismo, parte de una masa indefinida que no sabe a donde se dirige porqu...e tiene demasiada prisa por llegar como para pararse a pensar en el rumbo que ha tomado su existéncia.
Entre empujones i miradas frenéticas de odio irracional al prójimo saludo a un dia que tengo la sensación de estar viviendo durante toda mi existéncia.
Una vez se cierran las puertas del metro no hay vía de escape, estas en el infierno y has pagado para entrar en él.
El traqueteo es constante, perturbador y frenético; pero nadie parece darse cuenta, nadie parece darse cuenta de nada.
Justo delante de mi hay un hombre de mediana edad hablándole a una máquina a gritos i exigiéndole explicaciones. La gente parece no extrañarse de ver a un hombre aparentemente cuerdo y racional hablando¡ no! vociferando con un extraño trozo de plástico.
El traqueteo no cesa i ahora va acompañado de unas sacudidas intermitentes a la estáncia donde nos encontramos todos nosotros. Uno de estos impactos fue especialmente fuerte haciendome perder el equilibrio sobre mis pies y obligándome a buscar algun punto de apoyo para no caer. Finalmente encuentro una barra para sujetarme e impedir el golpe.
Ahora tengo a escasos 20 centímetros a un hombre que, al parecer, es el padre de una família que le acompaña en este momento. Éste se comporta de forma más extraña si cabe que aquél que estaba gritándole a un trozo de plástico. El hombre número dos està mirando fijamente otro trozo de plástico, en esta ocasión más grande incluso i de vez en cuando lo toca y parece producirle una extraña sensación de desahogo. A su lado, su família, parece no importarle tanto como lo que tenia ahora en las manos. A ellos ni les mira ni les toca.
La que parece ser su mujer está en frente mio, mirando sin ver i escuchando sin oir. Ésta lleva otro trozo de plástico, un poco más grande incluso que el de su marido, del que sale un tubo de plástico transparente que le llega hasta la boca y se le mete dentro. Ella, sin embargo ni le grita enfadada ni le toca buscando diversión, pues al parecer el extraño artilugio no la deja abrir la boca ni articular sonido. No parece feliz. Sin embargo si parece depender de él, igual que sucedía con los dos primeros hombres chiflados.
De repente las puertas del habitáculo se abren y un fuerte bamboleo sacude la estáncia. Como automatismos de guerra todos los habitantes que allí estaban empiezan a cambiar automáticamente sus posiciones y todos al mismo ritmo empiezan a descender y ascender del vagón. Tengo la sensación de que los mismos seres que han bajado del vagon són los que están ahora subiendo. Todos vestidos con estos extraños disfraces de colores ténues y oscuros coronados por una estraña soga que les colgaba del cuello, todos iguales, callados, en sepulcral silencio, lanzando lamentos mudos y gritos de socorro a todo aquél que tuviese tiempo de dedicar un segundo de su existencia a mirarles a los ojos; pero nadie tenia tiempo, y nadie sabía porque, aunque tampoco se lo preguntaban.
Todo el mundo permanecía callado menos algun pasajero que, de vez en cuando, al sonar una extraña alarma dentro de su disfraz, se sobresaltaba y corría a cogerlo como si en ello le fuera la vida. ¿Por qué será? ¿Qué les aportarán esos aparatos?
Al otro extremo del vagón veo algo que me extraña. Es un hombre, un poco mayor que los que me rodeaban pero no lo suficiente como para ser ejecutado. Parecía nervioso. No, no parecía exactamente nervioso, pero no sabría definir muy bien la expresión que reflejaba su rostro. Si no fuera por dónde y como estamos, pensaría que está feliz... ¡pero no, no puede ser! Hoy ya no existe la felicidad, sólo está en las peliculas históricas. Se extinguió con el progreso, cómo la peste y otras enfermedades.
Eché un vistazo a mi alrededor y mi hallazgo no había pasado inadvertido entre los demás asistentes, pues ellos también habían observado esa curiosa y anómala expresión en el rostro de aquél misterioso transeúnte.
Vi cómo, uno a uno, los pasajeros iban alejándose progresivamente del extraño y maléfico ser, la situación era verdaderamente aterradora, pues él parecía ser más..¿feliz? a medida que nos ibamos asustando nosotros. Estaba loco, no había duda, pues no vestía de gris, ni siquiera de negro, y no llevaba ningún tipo de cable conectado ni en los oídos ni en los bolsillos ni en la boca.
De repente el tren paró y sus puertas se abrieron.
Esta vez nadie se movió.
El extraño hombre miró hacia nosotros con extraña expresión de lastima y salió del tren. En ese mismo momento uno de los pasajeros que me acompañaban salió corriendo tras de si y, junto a él, 5 o 6 más. Llegaron corriendo dónde estaba el extraño hombre, lo cogieron entre todos y lo arrojaron a las vías por donde se acercaba a toda velocidad el tren y este se lo arrojó con toda la rabia y la impoténcia que caracteriza esta sociedad.
Los 6 héroes regresaron al vagón y ocuparon sus posiciones anteriores. Nada parecía haber cambiado a la situación anterior. El hombre del principio seguía gritándole al trozo de plástico, la mujer seguía pidiendo auxilio sin poder emitir sonido alguno y el traqueteo seguía siendo incesante. Todo está jodidamente mal, pero todo ocupa el sitio que debe ocupar.
El mundo está en llamas y nos estamos ahogando en el fuego y ardemos en el agua.
SAUDADE: TESTAMENTO A VUELA-PLUMA
"El sonido de las teclas muriendo aplastadas por mis dedos acompaña el dulce deambular de letras en la pantalla que exhala una luz de un blanco mortecino que hace que mi cara recuerde esta vez más que nunca, el rostro de un cadáver, el rostro de la muerte.
Escribo estas palabras desordenadas y esquizofrénicas a modo de confesión, quizás incluso a modo de testamento.No... estoy muy seguro de a donde me llevarán mis dedos, que escapan por completo a la velocidad limitada de la mente, pero sin embargo aquí estoy, mirando frente a frente a la muerte y pidiendole un segundo extra para dejar constáncia de lo que en mis últimos días de vida ha subido el infierno a la tierra i ha hecho que me cogelara en él...”
¿El qué? ¿qué debo escribir ahora? Por primera vez en mi corta existéncia me enfrento a uno de mis mayores temores, quedarme absolutamento seco en lo que a creatividad se refiere. No consigo encontrar motivación para escribir más que seguir construyendo la catedral de mi ego. Haciendo una visión retroespectiva toda mi vida artística he sido un jilipollas que se ha debido a sus musas principalmente para crear o para juntar palabras, lo mismo da. Sin embargo a dia de hoy esas musas desaparecieron, para bien o para mal. Por un lado siento como si me hubieran robado un balsamo para las heridas, pero por otro lado no tengo esas heridas porque eran ellas mismas quien las provocaban. Quizás el placer sadomasoquista de la escritura resida en esos ataques que permites a las musas y, sobretodo en tus propias capacidades para curarte de ellos.
Pero ya no están, se han ido como se ha ido yendo todas las personas que ya no estan en esta habitación y como se irán todas las que por ella pasen algun dia. Probablemente esa sea la maldición del escritor, una soledad buscada sin ser deseada, una soledad que des del exterior luce romántica y bonita pero que una vez amada y vivida se convierte en un amante celoso y posesivo que no permite que le abandones nunca, ni un sólo segundo de tu existencia. Es por ello que nunca jamás he dejado de sentirme sólo, ni rodeado de miles de personas, es la soledad como lugar de partida y como lugar al cual llegar, la soledad como destino.
A estas alturas ya prácticamente no recuerdo de qué iba a tratar este escrito en particular. Probabalemente alguna história cuyo protagonista me robe los rasgos que no quiero mostrar a los demás y que tiene más de confesión que de invención. Pero ya no importa, ya da lo mismo. Esos personajes nacen del traqueteo de los dedos encima del papel, y eso sigue siendo mágico, sin embargo debes tener mucho cuidado con esta mágia porque a veces puede llegarte a mostrar partes de ti mismo que ni tan si quiera conocías, pues como más ficcional sea el escrito en el cual andes sumergido más verdad encerrará en él sobre la mano que sostiene el pincel de la obra.
Escribir es, en cierto modo, parecido a actuar, pero más dramático si cabe, puesto que nunca se olvida que el actor está interpretando un papel, pero siempre se descarta que el escritor también lo está haciendo. El escritor puede sicerarse en el modus operandi de sus creaciones, pero siempre lo hará des de un rol distinto al que él ocupa normalmente. El escritor es un profesional de la mentira, pero es un engaño consentido por emisor y receptor en el cual se pierden las posiciones de los dos, pero con una diferéncia: el lector puede cerrar el libro i seguir con sus quehaceres, y olvidarse de él. El escritor quedará atrapado en las páginas del libro que ha cerrado el lector, pues para él simepre será el creador de ese libro o de aquél otro, la persona ni existe ni tiene porque hacerlo para los lectores. De ahí esa soledad mortífera del escritor, no es alguien sino algo que ha hecho algo más importante porque es cierto que, a veces, son más reales, estan más vivos, los personajes que el escrfitor crea que él mismo.
Es curioso que sea cierto lo que anunciaba en el primer párrafo de éste escrito, pues estas lineas se han convertido al final en un tipo de testamento, de confesión entre usted y yo. Será cierto, al final, que los dedos elijen su propio recorrido por las teclas y que al final un escritor siempre es sincero, de algún u otro modo.
“Creo que soportará perfectamente el peso, se le ve un nudo resistente. No me arrepiento de nada de lo que hecho, no; pero tampoco me arrepiento en absoluto de lo que voy ha hacer. Nada me retiene aqui, me estoy muriendo en vida sin tener el privilegio del descanso.
El taburete también parece suficientemente fuerte para aguantar el peso durante, almenos, 5 segundos, que es lo que voy a tardar aproximadamente en subirme a él y atarme la cuerda al cuello. Lo haré en el cuerto de la basura, donde merezco estar, pues es como se me ha tratado siempre y tanta gente no puede estar en un error. Siempre soy yo el equivocado, el que cree en el amor o en un mundo justo. Me voy, y no voy a decir adiós.”
Sin embargo yo jamás he sido sincero escribiendo, al menos de manera consciente y la mayoría de similitudes de mis personajes son, seguramente, absolutas y perfectas casualidades. Aunque como profesional de la mentira podia estar mientiendo en este mismo momento, o, sin exagerar, podría haberles mentido desde un inicio, porque a veces tienen más de real los textos fictícios que los autobiográficos. No hay aquí cuerdas anudadas ni taburetes, pero quiza debería haberlos para acabar con una existencia de la que estoy seguro. De la que dudo ahora mismo es de la tuya, lector.
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