Huésped del sórdido hotel llamado soledad
Cadáveres exquisitos ensucian mi cuaderno
Fuera, caen las luces de la cruel ciudad
Es de noche en el infierno
Las sombras de fantasmas del pasado
Dibujan sus danzas fuera de la ventana;
Recordando mi paseo por la calle del pecado,
Cubriendo, con su velo, las primeras luces de la mañana.
El mórbido aliento de las musas difusas
Me suspende levitando ante el balcón de tus ojos vacíos;
Recitando, entre lágrimas, letanías confusas
Ahogando quimeras internas en ríos de hastío.
Te encontré cruzando océanos etílicos;
Pues Karonte guióme en esta difícil tarea,
Burlando a la muerte con párrafos ilícitos,
Exhalando bocanadas borrascosas de brea.
Los tentáculos del tiempo golpean la puerta,
El incesánte ruído se burla de la hermosura,
Resucitando tu esquizofrenia muerta,
entonando el réquiem de la cordura
Color y forma se extinguen. Sólo Sus pupilas,
Eclipsando sin esfuerzo crepusculo y aurora
Ilusionan a Sansones con soñadas Dalilas
Que se rinden al mal que sus negros corazones devora.
Perdido en este mosaico de espejismos
Abandono exhausto el espiritu a mi suerte
Pues de entre la esquizofrénia de este mundo de abismos
El unico espejo con garantia de reflejo, es la Muerte.