Hoy he estado releyendo mis viejas poesías y me he dado cuenta de que son una soberana jilipollez.
La rima es para débiles o para presuntuosos que no se atreven a mirar de frente lo sombrío de sus pensamientos y le añaden un componente musical para edulcorarlas.
La poesía está ahí, las teclas están ahí, aguardando a ser tocadas, como una puta en paro; sólo tienes que acertar con al combinación adecuada.
Libretas llenas de terminaciones musicales y estéticamente sugerentes que se quedan ahí, abandonadas. Un aborto de las ideas que estoy intentando subsanar con este proyecto de palabra libre, que los dedos elijan su sintonía i la tecleen tal y como les exija su instinto puramente animal.
Hoy he estado releyendo mis viejas poesías y me he dado cuenta de que era un ingenuo, o quizás lo sigo siendo y sólo soy preso de una estupidez lúcida. De un delirium tremens pasajero y mercenario. Es absurdo subordinar el mensaje a la forma. Los sentimientos no se rigen por sonetos, liras o hexámetros; salen descontrolados, muriendo por el mero hecho de existir; y se burlan de la torpe lentitud de los dedos que intentan disecarlos.
El reto es catártico, purgatorio y desatascador.
Sin embargo, si esto llega a ver la luz algún día y llega a tus manos ávidas de poesía convencional
Podré escribir en verso
Sin cambiar en absoluto el mensaje;
Sin embargo debo pedirte disculpas,
por este experimento poético
que te ha hecho perder
unos segundos de tu vida